martes, 28 de julio de 2009

ICÍA.

De todos los trabajos que he llevado a cabo hasta el día de hoy, tengo que reconocer que este es, sin ningún lugar a dudas, el que más me ha costado arrancarme del alma.

En el momento más doloroso de toda mi vida, cuando no soportaba el picor de los ojos de tanto llorar. Ella me hizo llorar todavía mas, pero esta vez de alegría, al sentirme honrado por tal acción.

Por suerte, momentos como ese solo tienen lugar una vez en la vida. Creo que no soportaría “verlas” partir otra vez.

Solo espero estar a la altura, si algún día eres tu la que me necesitas.
Deseo que todo te valla muy bien, allá donde estés.

Todavía hoy, después de casi 4 años, me cuesta pensar o hablar del tema, sin que las lágrimas broten sin control.

El gran mercado, en la capital del nuevo reino, era punto de encuentro obligado para todo artesano que se preciara
Entre la multitud, Icía paseaba tranquila mientras observaba con atención el trabajo de los herreros. El sol brillando en lo alto, fue testigo de cómo se le desgarraba el alma cuando una misiva llego a sus manos. Poco después dejaba la ciudad, camino de “el fin del mundo”
El tiempo jugaba en contra de la viajera, aumentando la dureza de una travesía ya de por si muy complicada. Pero eso no iba a detenerla. Su objetivo estaba muy claro…
Bajo la luz de la luna, Icia se fundió en un largo y sentido abrazo, con su hermano de otra madre.
Su presencia esa noche actuó como un bálsamo sobre aquel corazón herido. Pero su efecto no duraría mucho, ya que al día siguiente, creyendo concluida su labor, Icía tomó su montura y desapareció tras las fortificaciones de la ciudad…


320X500mm
Grafito y l. acuarelable sobre cartulina.

2009

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